Opinión | Tribuna
Revilla, rey de los tertulianos
Cada vez que Miguel Ángel Revilla salía en la tele yo cambiaba de canal. Me resultaba algo plomo sin caerme antipático. O sea, hubo un tiempo en el que me pasaba la vida cambiando de canal porque Revilla, tan campechano y cuñado, tan gracioso y saleroso, con recetas de tío abuelo enrollao, iba de plató en plató alegre, bigotón y regañón todo el tiempo, casi cada noche. Dando audiencias millonarias. En la Sexta o en Tele Cinco o en cualquier programa de variedades y tertulias.
Tanto se ha prodigado Revilla, expresidente de Cantabria, en la tele, que hasta yo que no lo veía nunca, sé de memoria qué opinaba sobre según qué cuestiones. Pero ahora ya, no me lo pienso perder. ¡Revilla, a las teles! Uno de sus espectadores fieles, a lo que se ve, era Juan Carlos de Borbón, que podría demandarlo y exigirle una pimporrada de miles de euros por injuriarlo en algunos programas entre 2022 y 2025. El padre de Felipe VI ha recurrido al despacho de abogados Novalex, el mismo que defiende a Alberto González Amador, el novio de Isabel Díaz Ayuso.
Revilla ha demostrado tener más influencia que cualquier tertuliano. Lo escucha el emérito. Enerva al emérito. Lo oyen fuera de España. Como el juicio sea oral habrá juicio para rato, porque habla por los codos, decía alguien ayer en Twitter. Revilla estaba indignado y ha llamado corrupto al exrey en más de una ocasión. La Casa del Rey se desvincula de todo esto. Revilla quería ser la voz del hombre de la calle pero hay quien quiere verlo no en la calle y sí en los juzgados.
En todo esto se dilucida también si el emérito tiene más cara que honor. Como tenga que emprender acciones contra todos los que de él tienen una opinión parecida a la de Revilla no va a haber abogados suficientes.
Acabó sus días querellándose contra diestro y siniestro podrán rezar las biografías juancarlinas en el futuro. A veces hemos pensado en qué emplearía el antaño monarca sus días y sus noches en ese frío palacete en el que se aloja. Ahora lo sabemos: en ver a Miguel Ángel Revilla y anotar en una libretita los agravios tal vez con la misma concentración, gozo y empeño con el que manejaba la máquina de contar billetes que tenía en la Zarzuela. Al pobre Felipe VI se le va el tiempo desvinculándose de su padre. Que el emérito elija a Miguel Ángel Revilla debe de ser porque nadie le ha enseñado lo que se dice de él en las redes sociales. Habiendo opiniones para todos los sustos, digamos que las que se vierten sobre el emérito no se las salta un cántabro.
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