VIVIENDA | Una mirada al pasado
Ibiza, 1927 (I): cuando se pedían casas baratas en el Castillo
Una «necesidad perentoria». Así se calificaba en Diario de Ibiza la falta de vivienda en 1927, momento en el que comenzaron a surgir mutuas para construirlas amparándose en la ley de casas baratas

Maniobras militares en el Castillo de Ibiza en 1929 / Narcís Puget. 1929. Arxiu d’Imatge i So Municipal d’Eivissa (AISME)

«Desde algún tiempo a esta parte se ha dado en nuestra ciudad un gran impulso a la construcción de edificios, no sólo en el Ensanche y alrededores de la población sino que además se han reformado y reconstruido muchísimas casas en el interior. Con todo este engrandecimiento de la riqueza urbana no ha quedado solucionado el problema de la vivienda, pues es mucha la falta de pisos que se nota hoy en día».
Era el tema de portada de Diario de Ibiza el 7 de enero de 1927. Un artículo sin firma titulado ‘De construcciones’. Era plena dictadura de Primo de Rivera y la falta de vivienda «barata» para los trabajadores compartía primera plana con el black-botton, el baile de moda que se calificaba como «sucesor del charlestón». Esas viviendas asequibles eran una «necesidad perentoria»: «Una serie de pisos que reunieran las condiciones higiénicas y alcanzaran unos precios en sus alquileres que fueran relativamente económicos».
La necesidad era tal que en la edición de la víspera del Día de Reyes se aprovechaba la supresión de 76 regimientos de reserva de Infantería mediante un decreto para pedir que se reconvirtieran «la sala de armas y gran parte de los locales del Castillo», que no estaban en uso, para «ayudar muy eficazmente a la solución del problema de casas baratas».
«Instalación magnífica»
Y no sólo para eso, que el, a juicio de este diario infrautilizado Castillo de finales de los años 20, bien parecía el actual antiguo acuartelamiento de sa Coma, donde se ubica todo aquello que no cabe en otro lugar. Hace casi cien años, además de las viviendas, que era lo más necesario, se consideraba también en el mismo artículo la posibilidad de emplearlo como albergue, escuela y oficinas públicas: «Encontrarían instalación magnífica».
En esas fechas comenzaban a formarse en la isla «mutuas» que tenían como objetivo «construir varios grupos de casas baratas» para quienes formaran parte de esas sociedades. Una de las más activas, la bautizada como Centro Artesano (lugar donde se celebraban las reuniones), que presentaba su propuesta en sociedad a mediados de febrero, el mismo día en que se daba cuenta de un caso de escarlatina en la ciudad de Ibiza y se comunicaba cómo iba la campaña iniciada por Cruz Roja para poder comprar aparatos de rayos x para la isla.
La sociedad quedó constituida el 16 de febrero. Con algunas diferencias sobre el lugar donde podrían construirse esas viviendas: el señor Calbet abogaba por «los solares que hay frente a la fábrica Marí», pero el señor Medina apostaba por «que se hagan en los Molinos». Se salió con la suya el señor Calbet «después de amplia discusión». En un primer momento, ya que más adelante, en otra reunión, se anunció: «Se piensan llevar a cabo las construcciones al lado de la carretera de San José» .
Cuota semanal de dos pesetas
A falta de los proyectos y de solventar «el modo de pedir la subvención al Gobierno», estimaban el coste de la construcción: «Una cuota semanal de dos pesetas sería lo suficiente». Precisamente la financiación de las obras era lo que más preocupaba a los impulsores: «Lo más arduo del problema creemos radica en el modo de poder crear recursos para poder encauzar tan meritoria empresa, porque siendo los que han de figurar en la cooperativa gente de modestísimos recursos, las cuotas a pagar han de ser modestas». De hecho, hacían un llamamiento a través de la prensa para animar a posibles inversores: «Creemos que en Ibiza no faltarán señores que por su buena disposición y acreditado humanitarismo moral y material, le prestarán su más decidido apoyo». Y es que, si bien la idea era acogerse a las ayudas estatales previstas en la ley de casas baratas, no todos los implicados en estos proyectos estaban de acuerdo. Algunos consideraban que era «más conveniente» buscar otro tipo de financiación.
La construcción de casas siguiendo la fórmula de mutua no sólo iba a servir en la Ibiza de los años 20 para solventar «la escasez de viviendas» en la ciudad, cuya población crecía, sino también para «dar ocupación a muchos obreros». Y es que, según los diarios de la época, el desempleo era habitual. La propia prensa se ocupaba de aplacar la alegría de «la masa proletaria» ante estos proyectos. El propio redactor de Diario de Ibiza que cubría estas reuniones lo deja claro en la primera página del 12 de abril de 1927, tras asistir a una de ellas: «Los que, como yo, se habían hecho la ilusión de que el proyecto de casas baratas era un medio de en su día poder poseer un chalet, que la pierdan». Esta redactora podría afirmar lo mismo. 98 años después.
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